Entre las tareas domésticias, el ordenador, que de vez en cuando juega alguna que otra mala pasada y el trabajo, el caso es que no te he tenido tiempo de colocarme unos minutos delante del teclado para dar forma a una sencillas letras, pero de hoy no pasa. Quiero comenzar este post como acabé el úlitmo, escribiendo sobre la feria de mi ciudad.
Ha sido una semana intensa, de frenesí, de fiesta y jolgorio, y todo para que nadie se quedase sin disfrutar de los días grandes. Pero no me resisto a dar mi opinión sobre el 'lado oscuro' que tiene. En feria se bebe mucho -más de la cuenta diría yo- y eso lleva a tomar acciones poco acorde a la realidad. La feria de día se ha convertido en una auténtica 'botellona' para los jóvenes y también para los que no lo son tanto. Una vez me dijeron que, para beber (alcohol) hay que saber mearlo (con perdón), y que razón tenía esta persona. Los jóvenes de hoy tienen una mentalidad equivocada de qué es lo que se tiene que hace para crear diversión, ya que la mayoría lo basan todo en las bebidas alcoholicas. No digo nada malo en comentar que no es un pecado beber, pero hay que saber hacerlo. No puede una persona estar borracho o borracha y estar tirada (literalmente) en medio de la calle de la cogorza que ha pillado. Es más. He visto con mis propios ojos como algunos se orinaban delante de los escaparates, mientras que los acompañantes les reían la gracia. Para mi no la tiene. Las borracheras no son buenas consejeras.
No quiero con esto hacer una crítica de la feria de día, ni mucho menos, tan sólo destacar la pésima actitud y el comportamiento de unos pocos, unos cuantos que manchan la imagen de una ciudad que la tenemos que levantar entre todos, pero nunca orinando en plena calle.
Feria de día, sí, pero en otras condiciones. A lo mejor un recinto permanente sería la mejor solución, aunque para muchos, entre los que me incluyo, sería como llevar la mierda a otro sitio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario